¡Es así de sencillo!

Se veía venir. 

Si te hablo y nunca me escuchas, no vamos bien. Si siempre que te pido algo tu respuesta es no, me hundes en la miseria. Si te enrocas y no existe más realidad que la tuya, me vuelves medio tarumba. Y si me revelo contra ti y me partes la cara, tú no me quieres. ¡Es así de sencillo!

Si yo quiero algo y tú no, debemos hablarlo. No me digas que se hace así porque así se ha hecho siempre. No seas antiguo. No me sueltes eso de que las cosas son inamovibles. El día que me metan en una caja de pino será una realidad inamovible, pero no antes. ¡Es así de sencillo!

No mientas a nuestros hijos ni a nuestros amigos. No les hagas creer que soy la mala de la película y que nunca te he querido. No les digas que te odio y que prefiero que te mueras de hambre. No manipules la verdad. No fabules y, por favor, deja de mirarme con esa inquina. No soy perfecta, lo sé, pero es que soy muchas dentro de una. Y no todas pensamos lo mismo. Seguro que yo también me he equivocado, pero ni te humillo ni te maltrato. Antes, cariño, me caías bien, ahora ni te reconozco. 

No sé qué quiero ya de ti, pero sí sé lo que no quiero. No quiero que me asustes ni que me grites, ni que me estires del pelo ni que me arrastres escaleras abajo. No quiero que me pegues ni que me alecciones, no quiero que me digas que no puedo decidir mi vida, no quiero que me provoques esta pena con la que camino desde hace días, no me hagas sufrir por algo que quiero y te pido desde la calma. Si me quieres, cuídame, habla conmigo, intenta entender. Si realmente me quieres, escúchame. Sé que puedes, ahora solo me cabe esperar que quieras. 

¡Es así de sencillo!

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Un drama en toda regla

Cuando veo los destrozos que hay por ahí, no puedo evitar pensar: “¡Qué bien estoy y qué suerte tengo! Y no es una frase hecha, es la verdad.   

Tenemos por un lado lo del 1 octubre y, por otro, los dramas personales. En el Parlament tenemos una tragicomedia y luego están el resto de los mortales y sus miserias. ¡Qué cantidad de Hamlet que hay por metro cuadrado! Y qué pereza que me empieza a dar todo. 

Hay personas que no evolucionan. Y si lo hacen es a peor. Y lo peor de lo peor es que hay niños de por medio. Niños que van a crecer viendo comportamientos deleznables, saboreando el machismo desde el minuto uno, conviviendo permanentemente con la mentira y la vulgaridad, aprendiendo que la falta de respeto es algo común entre esos adultos que dicen que les quieren con locura. A mí me da asco y vergüenza ajena. 

Me da igual si me apedrean por lo que voy a decir, pero no todo el mundo debería tener hijos, y no todo hombre o mujer está capacitado para ser padre o madre. Se nos examina para casi todo, tenemos que ser idóneos para millones de cosas antes de disfrutarlas, nos prohíben votar de una forma libre y legal, pero no hay ningún control sobre lo de traer hijos a este mundo. Y yo, que soy una visionaria, lo veo más jodido que lo del gordo de Corea y sus bombas. 

Algunos de vosotros, afortunadamente no todos, estáis condenando a vuestros hijos desde el minuto uno. Les traspasáis vuestras mierdas y frustraciones. Les decís cómo tienen que comportarse cuando vosotros no sois ejemplo de nada. Os hace gracia que cojan vuestros vicios, fabricáis pequeñas réplicas de vosotros, les hacéis a vuestra medida, transfiriendo, en muchos casos, lo peor de vosotros mismos. Les gritáis sin motivo cuando consideráis, pero no soportáis que alguien les diga que dejen de dar por culo en un avión. Y la rara soy yo por querer que el niño se siente civilizadamente? No, el que vive en el planeta de la estupidez eres tú, que no abres la boca ante el terrorista de tu hijo. Será un maleducado pero es mi maleducado. ¡Qué bonito! Anda que no me ha costado hacerlo así de repelente, miedoso, déspota, gilipollas, dictador o tocapelotas del 15. 

Vosotros sois lo únicos responsables de lo que hacéis con ellos. No los colegios, ni los profesores ni sus amigos. Al colegio se va a a adquirir conocimientos y a relacionarse con otros de tu misma altura. Y el amigo es sólo eso, un amigo. La educación, los modales, el sentido de la justicia, el amor en mayúsculas, la corrección y los valores de vida son tarea vuestra. Y si os cuesta mucho trabajo estar pendiente de esto, haber pedido susto. Que yo sepa nadie os obligó a tener hijos. Y aunque es muy fácil echarle la culpa a otro, si el niño es insoportable, no busquéis más, en un 90 por ciento la culpa es vuestra. El resto lo dejaremos a la naturaleza y a locuras varias.

Es curioso que muchas de las personas más responsables, educadas, tolerantes, con valores e inteligentes que conozco hayan decidido no tener hijos. Estoy segura de que hubieran sido grandes progenitores, pero por algún motivo optaron por el no. ¡Libertad para poder decidir! Ahí radica todo. Aunque con los hijos…no sé yo.

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En Costa Rica le llaman mamón chino

Llevo más de 11 horas de vuelo y sigo en ello. Estoy escribiendo desde el aire. La excelente compañía que llevo al lado me ha sugerido que hiciera uno de mis posts, para dejar ir, y le estoy haciendo caso. Venía relajada y sonriente de Costa Rica, palabra. Pero ha sido aterrizar en Madrid, pillar los datos y zasca, en toda la boca. ¡Qué poco discretos que son algunos y qué poco considerados con los que llaman amigos! Me río yo de esa amistad de pacotilla. 

Lo sabía mucho antes de que tú lo comunicaras al mundo, pero lo había olvidado. Es lo que tienen los secretos, que dejan de serlo si hablas con bocazas. Ni siquiera tuvieron que decírmelo, lo adiviné. Para mí eres tan previsible. Previsible, superficial, incoherente y…vamos a dejarlo. No te quiero, nunca volvería contigo y, si en algún momento te he pensado con cariño, siempre hay alguna acción tuya que me demuestra lo poco de fiar que eres. Es terrible porque creía que me eras indiferente, pero no. Es que me caes mal, directamente. Te escucho en retrospectiva, sabiendo lo que sé, y tengo ganas de estrangularte. 

Eres la única persona que me provoca eso en la vida. ¿Por qué será? Con lo bueno que pareces. Tú, que no vendes tu vida en las revistas (ya te gustaría poder hacerlo), que no eres infiel (esto es coña, claro), que eres sincero y cero egoísta (esto también es coña) y que eres un ejemplo de hombre. Me troncho. ¡Ay, qué cosas! Yo también parezco rica y no lo soy. ¡Qué le vamos a hacer!

Total, que ahora te ha dado por jugar a mamás y a papás. Ya te has hecho mayor? Ya no eres un pavo real? Què bonic tot plegat! Y qué suerte tienes, de verdad! Con los destrozos que te vas marcando por el camino, aun habrá una pava por ahí llamándote mi amor. Es normal, hay gente muy desesperada y muy ignorante, eso también. 

He tenido que tomar medidas drásticas para que, entre unos y otros, dejéis de tocarme lo que no me suena. A ver si así sales de mi vida de una puñetera vez. ¡Qué pesadez! 

En Costa Rica al rambután lo llaman mamón chino. Y a ti te dirían que eres pura paja y un bañaso en grado superlativo. 

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El mejor verano de tu vida no existe

En algunos programas de radio, todavía se lleva eso de lanzar una pregunta a los oyentes para que entren en directo. Yo no llamaría nunca, qué corte, y menos mal que la gente no es como yo. El interrogante radiofónico que ha captado mi atención, esta semana, es el siguiente: “¿cuál ha sido el mejor verano de tu vida y qué canción sonaba?”

Mi mente echando humo y buscando entre todos mis recuerdos. El mejor verano de mi vida? Ummm…ni idea. Piensa, piensa. Por el mejor no me viene nada, pero sí por el peor. ¡Uf, eso no es buena señal! Ahora oigo al Bayascas con lo de “eres… a más no poder” y me tengo que reír. Pero por qué tengo que escoger uno? No tengo uno solo para lo bueno. Tengo muchos de los buenos. Incluso el protagonista de varios de los buenos también es el del más malo. Hasta ahora. La vida es muy larga y seguro que alguien o algo le coge el relevo. Será por gente, por veranos y por cosas que nos pasan a lo largo de nuestra peculiar existencia.

Mi mente, que ni ha llegado al trabajo, ya está sobresaturada de tanto buscar. ¡Basta con esta chorrada! Nadie debería tener uno solo, de nada que sea bueno. Solo uno bueno, de lo que sea, se traduce siempre en una vida muy aburrida. Y si me aburro que sea en invierno, collons! No se puede tener un único buen verano, como tampoco un único buen libro, película o canción. No tengo un mejor amor ni un mejor recuerdo de nada, porque yo tengo mucho de todo. Sí, eso es. Yo no tengo un mejor amigo ni un mejor hermano. Ni quiero más a mi madre de lo que quise a mi padre. Y nunca he querido a otro perro que no fuera ella porque nunca la sustituí por otra mascota. Pero sé que, algún día, eso también cambiará. No tengo un destino favorito. Quién puede escoger una sola ciudad del mundo? Yo no. Con la cantidad de belleza que hay por todas partes. 

Y una simple pregunta radiofónica me ha llevado a la conclusión de que hay que pasar por la vida sumando muchas cosas buenas, aunque el precio sea pillar por el camino algunas de las malas. Porque, hasta esas, tuvieron su parte buena. 

Por algún extraño motivo esta canción me persigue y acabo de saber que está entre las cinco más escuchadas en Costa Rica. Así que vamo a ser felises…ya el número es lo de menos. https://youtu.be/t_jHrUE5IOk

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Un “yo” de bofetón

A veces hago cosas y no sé bien el motivo. Seguramente es porque quiero hacerlas, pero lo curioso es que luego me pregunto por qué las he hecho. No es arrepentimiento es más bien sorpresa. Es como si uno de mis “yo” hubiera ido por libre y, sin pedir permiso a los otros “yo”, optara por saltarse las normas que de forma democrática habíamos establecido entre todos. 

No hablo de robar bancos, que deberíamos, ni tampoco me refiero a quemar la comisaría en la que un señor, rancio y estricto, no quiso renovarme el pasaporte. Tampoco pretendo llenar un avión con un grupo considerable de políticos imbéciles y dejarlo caer. Yo no hago cosas que cambien el curso de la historia mundial, como mucho llevo a cabo pequeñas gestas, que afectan a mi película personal. Y eso ya me parece una barbaridad.

No sé si es la lluvia, la perrería que llevo, las hormonas o la edad, pero qué cantidad de cosas hago que son de bofetón. Hablo de pequeñas e insignificantes acciones, que siempre suelen ir cargadas de sentido, eso también. Algunas son buenas y otras son, cuanto menos, extrañas e imprevisibles. Lo mejor de todo es que lo veo venir. No sé si le pasa a alguien más, pero yo suelo oír, de tanto en tanto, a un grupo de 6 “yo” diciéndole a grito pelado al número 7: “Tú eres gilipollassssss”

Sí. Se puede ser medianamente inteligente y a la vez gilipollas. No está reñido y no es incompatible. No es bonito no, pero a ver quién es el listo que lo hace todo bien las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Si está bueno y vive cerca, que me lo presenten. Aunque me apuesto uno de mis “yo” a que, si me dejan un rato con él, le encuentro su particular bofetón. Todos tenemos uno (o varios) y, el que diga lo contrario, miente. Mienten él y sus seis “yo” restantes.

 https://youtu.be/f6EAeasF0sM

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Amor en la nubes

Estás de pie delante de mí. Te miro. ¡Qué alto eres! Con ese pedazo de cuerpo el traje te queda bien por huevos, pero ese color debería estar prohibido por atentar contra la vista. Te giras. Guapo. Ya no me parece tan horrible el color de tu traje. Me miras a mí y luego a mi tarjeta de embarque. ¿Quieres saber mi nombre o robarme el asiento? Ni idea. Caminamos por ese pasillo interminable. Te paras. Yo también. Sigues. Yo también. En algún momento tendré que dejar de mirar el pedazo de espalda que tienes, pero no te sientas nunca. Ni yo. Fila 30. La tuya. La mía. Me miras resignado y te sientas. Con esas piernas y en el centro. Estás tremendo pero mi asiento de pasillo es mío. Lo siento pero te jodes. Me dices algo que ni recuerdo. ¡Qué educadito eres! Me levanto de nuevo. Estás bueno pero cero previsor. Al avión se sube meado. Te espero a que vuelvas, amore.

Empiezan los problemas con tus piernas, las mías y el espacio de mierda que hay en los aviones. Saco las mías hacia el pasillo y te ofrezco parte de mi territorio. Y empieza la tontería. Noto cómo me observas y cierro los ojos. Yo puedo dormir y tú deberías hacer lo mismo. Tu pierna no deja de rozarme y tu brazo se acerca al mío. Respiramos. Los dos. A la vez. ¡Cómo me gusta eso! Con cada inhalación me pongo más tontona. Exhalamos y te siento. ¡Quiero dormir y que te duermas! He perdido la noción del tiempo. Tienes un espasmo de tres pares de cojones y haces que bote en mi asiento igual que un canguro. Me pides perdón. Que te has dormido. Coño ya, y yo. No puedo parar de reír. Volvemos a intentarlo, pero mi cuerpo ahora ya te busca. Y el tuyo me reconoce. Así no hay quien duerma.

Pasan las nubes y los minutos. Me duermo tan cerca de ti que dejas de ser un desconocido. Y sé que tú también lo has sentido. Aterrizamos. Me miras con esos ojos que dicen sin decir. Me hablas. “Ya hemos llegado. Se acabó. ¿Ha estado muy bien, no?” Sí a todo, guapo de traje imposible. Me sigues mirando. Debería hablarte, ser simpática, pero no sé qué decir. Nadie me cree cuando digo que tengo alma de tímida. Pero la tengo. Salimos. Me adelantas y me vuelves a hablar: “Gracias por compartir conmigo un espacio tan pequeño, de esa manera tan agradable”

Lo sabía. Hemos hecho el amor. Amor en las nubes y difícilmente repetible.

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No hay porno para mujeres con criterio

El otro día leí un artículo, en algún sitio, sobre la escasez de porno para mujeres. Y me hizo gracia. Pensaba que sólo yo, y las locas que me rodean, creíamos que el porno actual está pensado, única y exclusivamente, para el género masculino, pero se ve que somos legiones de féminas opinando lo mismo.

Cuando digo delante de hombres que el porno que ven es asqueroso siempre me dicen lo mismo: “Es que no se van a casar, es porno” Pero, ¿y quién ha hablado de bodorrio? Yo no. Y si digo que el porno es ordinario la respuesta es: “Es porno, mujer, qué quieres” Joder, que ya lo sé, pero es necesario que sea todo tan explícito. Y, repito, tan asqueroso. 

Esos hombres penetradores, que se supone que excitan, son muy poco agraciados. No ponen un carajo. Son feos y vulgares. ¿Por qué todos están llenos de tatuajes? Creo que sólo les queda el pene limpio de tinta. Y por qué están más hormonados que las vacas o son unos escuálidos que dan penica. No lo entiendo. ¿Ni un tío mínimamente apetecible y elegante hace porno? Y luego están ellas. ¡Ay ellas, qué mérito tienen! Porque para aguantar esas escenas taaaaaan largas, tan mediocres y tan absurdas (y taaaaan asquerosas), y conseguir mantener el interés de millones de hombres, tienes que ser una excelente actriz. He llegado a la conclusión de que esas tías no triunfan por lo buenas que están y lo bien que hacen felaciones, noooo. Todo su poder radica en sus uñas. ¡Qué pedazo de garras que llevan las chatis! No entiendo que no hayan amputado ningún miembro, entre rodaje y rodaje, con esos garfios.

Y qué puedo decir de esas localizaciones. Qué casas, qué sofas de mierda y (como dice una amiga) qué asco de cortinas. Y qué me dicen los hombres cuando digo que el porno no es elegante: “¡Joder que es porno, que no estás viendo ‘Decora tu casa’!”

Bueno, pues nada, seguiré quitando el sonido, pasando las escenas a todo trapo, riéndome de lo falso que es todo y sumando algún orgasmo de vez en cuando, eso sí. Mientras escribo, Cris, que me hace la pedicura, sólo repite: “Cuánta razón tienes y que sobrevaloradas están esas pollas”

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Sigue imaginando

La imaginación es brutal. Te lleva lejos, a lugares que nunca has visto, te transporta a momentos que no has vivido y te deja volar tan alto como tú quieras. 

Podemos hacer un buen o un mal uso de ella. Yo imagino que estoy en Costa Rica y que me baño en el Pacífico. ¡Qué poco me falta! Y tú que duermes en el desierto, en África. Hasta ahí todo bien. Pero, ¿qué pasa cuando lo que tú imaginas interfiere con mi realidad? Que deja de ser tu sueño para convertirse en mi vida. Y mi vida, principalmente, la sueño yo. Son mis ritmos, mis pausas, mis alegrías y mis despedidas. Soy tan real como las lágrimas perdiéndose entre la lluvia. Y sí, me despido antes de entrar, porque yo ya no estoy para elucubraciones. Me gustó caminar a tu lado y me apetecía un baño, pero es que ir pa na, como que no. Prefiero seguir con ‘Sucesor Designado’ y lanzarme con el junior. Ya sabes, mejores circunstancias.

Sigo pensando que caminar a tu lado es chulo, pero yo puedo caminar sola. No te ofendas, pero el cupo de imaginar lo tengo a tope con los que se perdieron por el camino. Es lo que tiene la edad. Que acumulamos muchos recuerdos y ya no estamos pa tontás. Tus circunstancias no son las mías y así debe ser. Ets bo, molt bo, i no vull que deixis de ser-ho. Un rato de placer no merece tanto sacrificio, créeme. Y menos cuando la persona que imaginas tiene como máxima en la vida irse a Costa Rica. Así que sigue imaginando, pero sin mí. Un beso enorme, chico tripolar. 

Te debía uno después de tanto años leyéndome. Hasta siempre.  

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WhatsApp me necesita

Los de whatsapp deberían contratarme. A qué mente privilegiada se le ocurrió quitar los estados anteriores y poner ese churro que hay ahora. Nadie quiere eso. La mayoría de la gente quiere colocar en el estado unas palabritas y poder ir cambiando la foto, de vez en cuando. Nada más. Los estados anteriores permitían, a muchos, enviar mensajes subliminales a otros seres vivos, básicamente a humanos dotados con móvil y whatsapp. Pero se lo han cargado para poner esa cosa ridícula, que siempre usan los tres colgados de turno, y que yo no quiero ni tocar porque, en el caso de que quisiera verlo, no veo necesario que se entere nadie. 

Sí. Ahí radica todo. En ver sin ser visto. Eso es lo que quiere la gente. Espiar a sus anchas sin que nadie lo sepa. Conozco a gente (mucha) que se dedicaba a mirar los antiguos estados de whatsapp un domingo por la tarde. ¿Qué haces Pepe? Miro las fotos y los estados. ¡Ah¡ ¿Y qué tal va la cosa? Bien. Rosa por fin ha dejado al plasta de su marido. Acaba de cambiar a “Mi nueva vida” Así iba la cosa. Lo que se ha llamado siempre chafardear un rato, vamos. Y, aunque parezca mentira, con unos minutos de nada se acaban sabiendo muchas cosas. 

Si el lumbrera de turno de whatsapp lo que quería era acabar con la curiosidad humana y con esos mensajes que la gente no tiene huevos de decir a la cara, ¡bravo! Han jodido, con ese detallito del estado, a millones de usuarios. Acabo de leer que van a volver los estados de antes. Bien. Rectificar es de sabios y lo vintage está de moda. Y no olviden, señores y señoras de whatsapp, que todos llevamos dentro un Sherlock en potencia, por decirlo finamente.  

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Soñé contigo 

En el edificio de enfrente están de obras y yo de vacaciones. Mala combinación. Entiendo que son necesarias, pero yo solo pienso en salir al balcón con un bazoca y derribar el andamio que han instalado. ¡Qué molesto es el ruido! Ese sonido se introduce en tu cerebro, rollo gota malaya, y se va apoderando de ti. Hay que hacer un gran ejercicio de meditación para no acabar con la cuadrilla de obreros y sus taladros. Pero, como estoy rollo zen, he sido capaz de dormir una siesta y soñar. Ha sido un sueño de esos guay. Seguro que se me entiende. 

Entre el taladro de unos y otros, me ha dado por pensar en lo que nos hace felices y lo que nos pone de mala leche. Así como algo sencillo, estoy segura de que nos da buen rollo rodearnos de gente que nos quiere y echarnos unas risas. Seguro que a la mayoría os toca la pera el tráfico, buscar aparcamiento, que os mientan, que os pongan los cuernos y que os congelen el sueldo. Pero os habéis preguntado alguna vez ¿cuántas cosas os gustan y no hacéis? y ¿cuántas hacéis solo por quedar bien? Es cierto que, con la edad, lo de bienqueda los vas perdiendo y más si nunca lo fuiste en exceso. Y la campaña de “mierdas las justas”, que llevabas a cabo con la ropa y demás, empiezas a aplicarla a las personas y sus comportamientos. Y es curioso que, hacer eso, nos resulte más sencillo que enviar un whatsapp sincero a alguien que nos gusta. 

Mi sueño tiene la culpa de todo. Os relataría el argumento, pero mi blog dejaría de ser apto para todos los públicos y se convertiría en algo más interesante. Y no me viene bien en estos momentos. Solo diré que ha sido tan real y satisfactorio que he querido compartirlo con su protagonista. He llegado a escribir un mensaje de whatsapp muy sugerente e ilustrativo, y lo he borrado. Lo he razonado, de tal manera, que no he dejado que un gesto natural y espontáneo se produjera. Miedo? Ridículo? Pudor? Corte? Desconocimiento del otro? Prejuicios? No lo sé. Pero hay por ahí un mensaje que nunca enviaré, que se ha perdido entre mis dedos y del que nunca obtendré respuesta. Y era algo bueno, de verdad, el sueño y mi mensaje. Pero tú nunca lo leerás, amore. Y lo más loco, tampoco tienes ni idea de que hoy te he escrito a ti. 

Mi sueño iba con esta melodía. Gracias. https://youtu.be/HJqlA_HTEU8

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