No hay porno para mujeres con criterio

El otro día leí un artículo, en algún sitio, sobre la escasez de porno para mujeres. Y me hizo gracia. Pensaba que sólo yo, y las locas que me rodean, creíamos que el porno actual está pensado, única y exclusivamente, para el género masculino, pero se ve que somos legiones de féminas opinando lo mismo.

Cuando digo delante de hombres que el porno que ven es asqueroso siempre me dicen lo mismo: “Es que no se van a casar, es porno” Pero, ¿y quién ha hablado de bodorrio? Yo no. Y si digo que el porno es ordinario la respuesta es: “Es porno, mujer, qué quieres” Joder, que ya lo sé, pero es necesario que sea todo tan explícito. Y, repito, tan asqueroso. 

Esos hombres penetradores, que se supone que excitan, son muy poco agraciados. No ponen un carajo. Son feos y vulgares. ¿Por qué todos están llenos de tatuajes? Creo que sólo les queda el pene limpio de tinta. Y por qué están más hormonados que las vacas o son unos escuálidos que dan penica. No lo entiendo. ¿Ni un tío mínimamente apetecible y elegante hace porno? Y luego están ellas. ¡Ay ellas, qué mérito tienen! Porque para aguantar esas escenas taaaaaan largas, tan mediocres y tan absurdas (y taaaaan asquerosas), y conseguir mantener el interés de millones de hombres, tienes que ser una excelente actriz. He llegado a la conclusión de que esas tías no triunfan por lo buenas que están y lo bien que hacen felaciones, noooo. Todo su poder radica en sus uñas. ¡Qué pedazo de garras que llevan las chatis! No entiendo que no hayan amputado ningún miembro, entre rodaje y rodaje, con esos garfios.

Y qué puedo decir de esas localizaciones. Qué casas, qué sofas de mierda y (como dice una amiga) qué asco de cortinas. Y qué me dicen los hombres cuando digo que el porno no es elegante: “¡Joder que es porno, que no estás viendo ‘Decora tu casa’!”

Bueno, pues nada, seguiré quitando el sonido, pasando las escenas a todo trapo, riéndome de lo falso que es todo y sumando algún orgasmo de vez en cuando, eso sí. Mientras escribo, Cris, que me hace la pedicura, sólo repite: “Cuánta razón tienes y que sobrevaloradas están esas pollas”

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Sigue imaginando

La imaginación es brutal. Te lleva lejos, a lugares que nunca has visto, te transporta a momentos que no has vivido y te deja volar tan alto como tú quieras. 

Podemos hacer un buen o un mal uso de ella. Yo imagino que estoy en Costa Rica y que me baño en el Pacífico. ¡Qué poco me falta¡ Y tú que duermes en el desierto, en África. Hasta ahí todo bien. Pero, ¿qué pasa cuando lo que tú imaginas interfiere con mi realidad? Que deja de ser tu sueño para convertirse en mi vida. Y mi vida, principalmente, la sueño yo. Son mis ritmos, mis pausas, mis alegrías y mis despedidas. Soy tan real como las lágrimas perdiéndose entre la lluvia. Y sí, me despido antes de entrar, porque yo ya no estoy para elucubraciones. Me gustó caminar a tu lado y me apetecía un baño, pero es que ir pa na, como que no. Prefiero seguir con Sucesor Designado y lanzarme con el junior. Ya sabes, mejores circunstancias. 

No te ofendas, pero el cupo de imaginar lo tengo a tope. Sigo pensando que caminar a tu lado es chulo, pero yo puedo caminar sola. Y la sección de imaginación la tengo cubierta con los que se perdieron por el camino. Es lo que tiene la edad. Que acumulamos muchos recuerdos y ya no estamos pa tontás. Tus circunstancias no son las mías y así debe ser. Ets bo, molt bo, i no vull que deixis de ser-ho. Un rato de placer no merece tanto sacrificio, créeme. Y menos cuando la persona que imaginas tiene como máxima en la vida irse a Costa Rica. Así que sigue imaginando, pero sin mí. Un beso enorme, chico tripolar. 

Te debía uno después de tanto años leyendo. Hasta siempre.  

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Mis tres deseos para el genio

La vida te da la oportunidad de valorar lo que realmente es importante. De redescubir a tu familia, de ver quién es realmente un amigo, te muestra qué merece tu esfuerzo y qué no. La vida te va poniendo en tu sitio, si lo permites. Sólo hay que dejar de luchar. 

A veces, la vida te avisa. Te deja que te prepares y que te vayas mentalizando. Te da la opción de enmendarte, de mostrar la mejor versión de ti mismo, de ayudar desde el corazón. Hay situaciones que nos permiten ser extraordinariamente generosos con otro ser humano y hay que aprovecharlas porque no van a estar ahí siempre. Podemos, si queremos, convertirnos en seres maravillosos que sonríen ampliamente.

Sé que eso que no quiero va a pasar. Y mi alma, que está conectada a la suya, me dice que será más pronto que tarde. No hay ni un poro de mi piel que no lo sepa. Me hago a ello cada minuto que pasa, cada momento que vivo a su lado. Y cada día que no comparto. Vivo con ello siempre y soy consciente de que no puedo evitarlo. 

Un día dejé de luchar. Hace algo más de dos años. Entendí que yo no podía cambiar el destino. Así que solo me queda practicar la aceptación. La amo más cada día que pasa y la siento muy dentro de mí, quizás porque yo un día estuve dentro de ella. Hoy, de nuevo aquí, -aunque en breve nos vamos…somos así de chulas-, me ha dado por pensar en el genio de la lámpara y en los tres deseos. Tengo mucha imaginación y soy optimista, así que voy a probar, por si me oye. Quiero que sea en su casa, mientras duerme y en compañía. No soy fría, darling, soy humana. Y lo mío es un acto de amor incondicional. 

No somos ricos, no somos perfectos y hemos discutido por casi todo. Pero somos buenos, sinceros, amamos de verdad y trabajamos en equipo mejor que nadie. ¡Qué bonito es compartir con vosotros esos dos apellidos! MG, fíjate tú, como el coche. Igual es una señal para que algún día me lo compre. 

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WhatsApp me necesita

Los de whatsapp deberían contratarme. A qué mente privilegiada se le ocurrió quitar los estados anteriores y poner ese churro que hay ahora. Nadie quiere eso. La mayoría de la gente quiere colocar en el estado unas palabritas y poder ir cambiando la foto, de vez en cuando. Nada más. Los estados anteriores permitían, a muchos, enviar mensajes subliminales a otros seres vivos, básicamente a humanos dotados con móvil y whatsapp. Pero se lo han cargado para poner esa cosa ridícula, que siempre usan los tres colgados de turno, y que yo no quiero ni tocar porque, en el caso de que quisiera verlo, no veo necesario que se entere nadie. 

Sí. Ahí radica todo. En ver sin ser visto. Eso es lo que quiere la gente. Espiar a sus anchas sin que nadie lo sepa. Conozco a gente (mucha) que se dedicaba a mirar los antiguos estados de whatsapp un domingo por la tarde. ¿Qué haces Pepe? Miro las fotos y los estados. ¡Ah¡ ¿Y qué tal va la cosa? Bien. Rosa por fin ha dejado al plasta de su marido. Acaba de cambiar a “Mi nueva vida” Así iba la cosa. Lo que se ha llamado siempre chafardear un rato, vamos. Y, aunque parezca mentira, con unos minutos de nada se acaban sabiendo muchas cosas. 

Si el lumbrera de turno de whatsapp lo que quería era acabar con la curiosidad humana y con esos mensajes que la gente no tiene huevos de decir a la cara, ¡bravo! Han jodido, con ese detallito del estado, a millones de usuarios. Acabo de leer que van a volver los estados de antes. Bien. Rectificar es de sabios y lo vintage está de moda. Y no olviden, señores y señoras de whatsapp, que todos llevamos dentro un Sherlock en potencia, por decirlo finamente.  

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Soñé contigo 

En el edificio de enfrente están de obras y yo de vacaciones. Mala combinación. Entiendo que son necesarias, pero yo solo pienso en salir al balcón con un bazoca y derribar el andamio que han instalado. ¡Qué molesto es el ruido! Ese sonido se introduce en tu cerebro, rollo gota malaya, y se va apoderando de ti. Hay que hacer un gran ejercicio de meditación para no acabar con la cuadrilla de obreros y sus taladros. Pero, como estoy rollo zen, he sido capaz de dormir una siesta y soñar. Ha sido un sueño de esos guay. Seguro que se me entiende. 

Entre el taladro de unos y otros, me ha dado por pensar en lo que nos hace felices y lo que nos pone de mala leche. Así como algo sencillo, estoy segura de que nos da buen rollo rodearnos de gente que nos quiere y echarnos unas risas. Seguro que a la mayoría os toca la pera el tráfico, buscar aparcamiento, que os mientan, que os pongan los cuernos y que os congelen el sueldo. Pero os habéis preguntado alguna vez ¿cuántas cosas os gustan y no hacéis? y ¿cuántas hacéis solo por quedar bien? Es cierto que, con la edad, lo de bienqueda los vas perdiendo y más si nunca lo fuiste en exceso. Y la campaña de “mierdas las justas”, que llevabas a cabo con la ropa y demás, empiezas a aplicarla a las personas y sus comportamientos. Y es curioso que, hacer eso, nos resulte más sencillo que enviar un whatsapp sincero a alguien que nos gusta. 

Mi sueño tiene la culpa de todo. Os relataría el argumento, pero mi blog dejaría de ser apto para todos los públicos y se convertiría en algo más interesante. Y no me viene bien en estos momentos. Solo diré que ha sido tan real y satisfactorio que he querido compartirlo con su protagonista. He llegado a escribir un mensaje de whatsapp muy sugerente e ilustrativo, y lo he borrado. Lo he razonado, de tal manera, que no he dejado que un gesto natural y espontáneo se produjera. Miedo? Ridículo? Pudor? Corte? Desconocimiento del otro? Prejuicios? No lo sé. Pero hay por ahí un mensaje que nunca enviaré, que se ha perdido entre mis dedos y del que nunca obtendré respuesta. Y era algo bueno, de verdad, el sueño y mi mensaje. Pero tú nunca lo leerás, amore. Y lo más loco, tampoco tienes ni idea de que hoy te he escrito a ti. 

Mi sueño iba con esta melodía. Gracias. https://youtu.be/HJqlA_HTEU8

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La cobardía de los mediocres

¡Cuánto daño hacen los cobardes que disparan! En las parejas, en los trabajos, en las familias y entre amigos. Es fácil observar la inseguridad en otro ser humano, detectarla. No es tuya pero la sientes. No quieren que la veas pero tú la hueles a kilómetros. La ves evolucionar, crecer. Reconoces el miedo en la mirada de ese individuo y sabes que, más tarde o más temprano, esa inseguridad se convertirá en cobardía y, en el peor de los casos, acabará en maldad. Porque no hay nada peor que un inseguro cobarde malsano. 

Cuando el cobarde se siente amenazado, ya sea verdad o producto de su imaginación, siempre dispara primero y a discreción. No sabe si tú le atacas, pero tu sola presencia incrementa su inseguridad y eso nunca puede acabar bien. Y cuando alguien dispara a matar siempre pasa lo mismo: aparece el dolor. Es muy triste porque es un dolor gratuito y absurdo. Se forman heridas, que cierran con el paso de los días, pero la cicatriz permanece. Y cuando la miras te acuerdas. Lo curioso es que sientes que el mayor dolor te lo provocas tú, al dejar que la cobardía de los mediocres inunde tu alma.

Asistimos a diario a la mala praxis de estos individuos, que camuflan sus carencias y frustraciones en abusos de acción y palabra hacia otros seres humanos. Dirigen países, empresas, controlan imperios económicos, ganan elecciones, ocupan puestos de responsabilidad, tienen los códigos para lanzar bombas nucleares y hasta te lavan el cerebro para que des tu vida por ellos. Es increíble que estos tipos lleguen a acumular tanto poder. Cada uno en su hábitat. Afortunadamente para mí, he conocido a muy pocos en persona, pero sé que suelen ser básicos, primarios, maleducados, machistas, clasistas, racistas y puaj. No sé si son un poco malos, malos o muy malos, pero bondadosos seguro que no.

No dejo de pensar desde hace días que el mundo está, básicamente, dirigido por imbéciles. Por loco que parezca, a Trump le han votado sus compatriotas y de forma libre en las urnas. Así que las quejas a posteriori llegan tarde. Realmente lo del rubio teñido sólo se entiende si la sociedad está muy enferma. Hay que asumir, desde ya, que nos hemos convertido en esclavos de mediocres. De cobardes insanos que no saben ni quiénes son. De malos de cuento y de terroristas emocionales. Y por si esto nos parecía poco, ahora el mundo tiene un nuevo líder que menosprecia a las mujeres, que sólo cuenta con un negro en su equipo de gobierno y que quiere levantar un muro con México. Todo muy moderno.

Llevo 15 días sin fumar y he tenido la imperiosa necesidad de volver a jugar a la primitiva y evaporarme. Es lo que tiene dejar un vicio a palo seco y vivir en este mundo tan extraño.  

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Te deseo lo mejor, siempre 

El otro día leí algo que me llamó la atención. El artículo decía que hay cosas que no llegan a nuestra vida porque en realidad no las queremos, que envíamos señales contradictorias al universo y que no recibimos respuesta porque ni siquiera sabemos lo que estamos buscando. Hablamos con la boca pequeña, llenos de confusión y miedo. La coherencia no es un activo muy extendido y mentirnos nos sale mejor. Pensamos más en lo que creemos que debemos hacer que en lo que realmente queremos hacer. Me pareció algo sencillo e inteligente. Al final todo se reduce a saber qué quieres. Recomiendo empezar por saber qué no se quiere. Es más fácil. Por algún motivo, cuando te rindes ante eso, todo fluye, todo es más liviano. Aparece la calma que tanto ansiabas y que no encontrabas. Es un trabajo personal, unilateral y muy liberador. Porque si he aprendido algo es que no hay peor enemigo que uno mismo. 

Es por todo esto que llevo dos años muy buenos. Así lo siento yo. He escogido mi vida, yo la dirijo y yo soy la única responsable de ella. Decido qué cuento, a quién, cuándo y por qué. A quién veo y durante cuánto tiempo. Lo mismo que tú, imagino, la diferencia es que yo no te juzgo. Me gusta no necesitarte y querer verte. Y me gusta dejar de verte porque me taladras. Y no pasa nada, mañana será otro día. 

Ahora, por favor, leed con calma y sin acritud. Estáis en mi vida pero, a veces, sois un coñazo. Sois agotadores. Como yo, como todos. Sí, así es. Somos unos cansinos históricos con los demás en muchos momentos. Y lo curioso es que ni nos enteramos. Y el que diga lo contrario, miente. Me llamas exigente, claro. Siempre lo he sido. Pero es que quiero serlo, tengo derecho a serlo. Y tú, ¿no lo eres? Todos lo somos, lo que cambia son las exigencias y a quiénes se las hacemos. Hay cosas que algunos de vosotros reclamáis a la vida o a ciertas personas que ni entiendo ni comparto, pero son vuestras exigencias, no las mías. Y son tan respetables como las de cualquiera. Además, si tú necesitas eso para ser feliz, qué me importa a mí.

Espero que podáis entender todos que, a veces, necesito que corra el aire, porque me quedo sin energía, porque me aguanto yo, pero si somos multitud igual no puedo. Porque lo nuestro es un acto de libertad y generosidad. Porque nunca debe ser un esfuerzo. Yo estoy en tu vida porque no imagino la vida sin ti. Porque para mí sois una familia alternativa, y nunca del todo la mía. Y así debe ser, yo ya tengo una. Porque a mí me gustan los detalles como el tuyo de hoy: “Te llamo luego, que ayer salí y sólo quiero que la vida me lleve” Y sonrío al imaginarte resacoso. Porque cuando yo te quiero lo hago para siempre, porque veo tu bondad entre toda tu mierda, porque me gusta que me abraces al despedirte, como vosotras dos hoy. Porque podría hacer una fechoría por ti, porque lo que digo de ti lo digo en tu cara, porque te adoro, porque me haces reír, porque sufro si tú sufres. Porque jamás y repito, jamás, te haría daño conscientemente. Porque me alegro de tus triunfos y no te envidio. Porque me gustas tal y como eres y, cuando no me gustas, me aguanto. Seguro que a ti te pasa conmigo. Porque aunque me presupongáis siempre, absoluta sinceridad y naturalidad, las pierdo por vosotros. Porque sé que mi verdad no va a sumar y ni siquiera sé qué es la verdad, porque si te digo lo que pienso igual me escupes. Lo mismo que os pasa a vosotros. Si lo sé, tontitos. 

Sé que me amas y aún así podrías estrangularme, normal, nunca dije que fuese perfecta. Soy lo que ves. Pero no olvides algo: nunca engaño, no traiciono y no cambio de opinión sobre lo que tú eres. Porque si no te hubiera conocido mi vida sería otra y a mí me gusta mi vida. Porque todo es mejor si yo sé que tú andas cerca. Porque escojo soledad pero no me siento sola y eso es gracias a ti, a todos. Porque lo bueno de mi vida siempre irá conmigo. No lo he olvidado, tranquilos. Sólo está donde tiene que estar. Dentro de mí.

Ahora dejadme sumar uno más de los buenos y alegraos por mí. Que nos trate bien, queridos míos! Eso es lo que os deseo en el 2017. Y mucho amor…y sexo del bueno para la rubia que vuela. Para todos, qué collons! 

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Escoge una frase

Los que me conocen saben que una de mis frases fetiche es: “La vida da muchas vueltas” Lo certifico. Da tantas que llegas a marearte. ¡Pero mola, eh! Cuando no uso ésta voy con la de “Nada es para siempre, ni lo malo ni lo bueno” La corroboro cien por cien. Yo he estado, desde que tengo uso de razón, en ambos lados de la cama. Hay que saber estar arriba y abajo. Es cuestión de práctica, capacidad de adaptación e instinto de supervivencia. También tengo la frase especial para mis amigos solteros que quieren pareja: “En algún sitio hay alguien para ti pero, no os habéis encontrado todavía, no era el momento” Sé que eso es cierto. Ahora, también es verdad que hay mucho miope suelto.

Cuando era más joven creía en la de “A cada cerdo le llega su San Martín” La dejé de usar por falta de casos contrastados que avalaran dicha frase. Aunque he asistido, con los años, a alguna que otra matanza del porc o porqueta. No me alegra, ni siquiera pensé jamás en ello, pero reconozco haber sentido un cierto alivio. Es como un rollo justicia cósmica. Tiene un punto divertido observar, desde lejos, como cae el edificio entero. No has movido una pestaña para propiciar eso y hasta te compadeces durante un tiempo de la suerte de los porquets. Unos cinco minutos. Sesenta segundos después piensas en lo bonito que es oír,  y a km, ese zasca en toda la boca. Y entonces te viene a la memoria lo de “La vida acaba poniendo a cada uno en su sitio” Y sigues con lo de “Es el karma” Y entonces me aplico eso de “Perdono, pero no olvido” Y es que yo olvido poco, ¡qué le vamos a hacer! Lo bueno, jamás.

Mi hermana me recordó, hace una semana, algo que digo desde que era pequeña: “Todos hemos venido aquí con una misión y sólo tenemos que descubrir cuál es” Ella tenía una misión, que yo le adjudiqué hace infinidad de años, pero soy incapaz de acordarme. Es por la pérdida de neuronas. Desde que me dijo eso intento recordar la mía. Sigo en ello. Creo que no la he olvidado, solo la llevo a cabo, como mejor puedo. Y sin propiciar ninguna matanza. 

Escojo una frase: “Tú me haces mejor persona”. Siempre hay alguien capaz de provocar eso en nosotros, si lo permitimos. 85 y pinta todo el santo día. Ya, me gustan un poco mayores. 

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La sensibilidad de mis letras

Iba a escribir sobre los PAS, personas altamente sensibles, pero no me veo capaz. Tomé notas en mi moleskine una noche que salimos, de una conversación a tres y de lo más profunda, con alguna copa que otra, y dos semanas después no entiendo ni mi propia letra. 

Crean tantas siglas, hay tantos diagnósticos nuevos atribuidos a comportamientos humanos y tantos síndromes de todo tipo, que ya voy perdida con mi nivel de sensibilidad. Lo que tengo claro es que todos somos sensibles ante algo o alguien. Lo extraordinario es que no nos emociona lo mismo,  ni tampoco nos irrita lo mismo. 

Y eso me ha hecho pensar en aquellas personas a las que les importamos. Personas que quizás ni estén en tu vida pero que un día se emocionaron contigo o por ti. ¿Por qué alguien se sensibiliza con tu presencia? ¿Por qué alguien te mira y siente que te quiere? ¿Por qué echamos de menos a unas personas más que a otras? Si lo pienso bien diría que ni siquiera va ligado a lo vivido, ni al tiempo compartido. Es un extraño misterio. Por alguna razón que desconozco somos más sensibles ante unos humanos que a otros. Lo curioso también es que puede que estas sensibilidades no sean recíprocas, o sí. Puede, incluso, que te tengan cariño aquellos que no esperas. Y que pasen de ti, pero cuatro pueblos, aquellos a los que les presuponías un alto grado de sensibilidad hacia tu persona. Todo muy loco. Y todo muy revelador.

Nunca sabemos con certeza qué sensibilidad despertamos en los demás. Ni comunicamos tampoco las que otros despiertan en nosotros. Quizás deberíamos decirlo abiertamente. Con dos cojones y un palito. “Oye, perdona, quería que supieras que soy altamente sensible a tu persona. Me pones muy muy tontona” Y también deberíamos poder decir tranquilamente: “Me sacas de quicio, que corra un poco el aire” A todo el mundo no tiene por qué gustarle el otoño, creo yo. Quizás tu sensibilidad me abrume y la mía te resulte incomprensible, pero a mí eso no me impide ver tu bondad ni tus ganas de vivir. Sólo que nuestras sensibilidades no van de la mano. Así de fácil debería ser, pero nunca lo es.

El otro día un hombre joven me recordó muchísimo a mi padre con una simple frase. A veces voy por la calle y huelo algo que me transporta a los ocho años. Me emociona la luz del atardecer de la primavera. Y hay melodías que me devuelven miles de sentimientos. Se me pone la piel de gallina con una película y puedo excitarme con algo sugerente. Lloro por pena y también por alegría. Definitivamente soy sensible, el grado no lo sé. Y, sinceramente, no me importa. Sigo sonriendo y me sigo emocionando, eso es lo que cuenta. 

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Lo que no digo

Nuestros silencios. Lo que no te digo me gusta mucho más que lo que te acabo diciendo. Todo tan irreal como tú y yo. No nos pedimos permiso. Somos un par de ilegales. Te acompaño un rato, te escucho y me voy. Solo venía de visita.

No combinan mis relojes con tu altura. ¿Dónde está tu televisión? No voy a cambiar de acera porque no te guste el fútbol. Te gusta el mar. Mejor. Te voy a seguir la pista pero no prometo nada. A ver si me invita al tacto. ¿Qué me gusta? Lo que me gusta a mí. Ya sabes, a ver. Estoy pensando hacerte un hueco…algún día de estos.

Así vamos, artesano. Ando a mi manera y no podemos asfaltarnos el camino ahora, nos está quedando maravillosamente con todas las piedras. Y, obviamente, (¡cómo te gusta la palabra!) querrías sujetarme en las mañanas, ya…Y yo sigo con mi “a ver” Y tú con tu “eso”. Ven sin afeitar, cuando quieras, sin quizás y…ya sabes. No me quieres retener. Bien. Yo siempre bailo a mi manera. 

Cada vez que hablamos veo el mundo menos enfermo. Has puesto de moda la tranquilidad y la adolescencia. Somos un par de románticos. ¡Bonito, eh! Noches largas. Suspiros y sonrisas. Y nuestros largos silencios en el tiempo, tan bien entendidos. Tienes razón, solo por eso merece la pena. Mañana ya veremos. 

Mientras hablas conmigo, ella se va para siempre. Y ahí seguimos, tú y yo, con esa sana locura del ahora. Se fue mientras los dos nos interrogábamos en silencio. Sin acordarnos de que esa noche todo seguía girando. Todo. Siento mucho tu pérdida. Aquí llueve, en Triana no lo sé. 

El Kanka se inspiró en mí. 😉 A ver…https://youtu.be/l2CRku3vgKY

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