Soñé contigo 

En el edificio de enfrente están de obras y yo de vacaciones. Mala combinación. Entiendo que son necesarias, pero yo solo pienso en salir al balcón con un bazoca y derribar el andamio que han instalado. ¡Qué molesto es el ruido! Ese sonido se introduce en tu cerebro, rollo gota malaya, y se va apoderando de ti. Hay que hacer un gran ejercicio de meditación para no acabar con la cuadrilla de obreros y sus taladros. Pero, como estoy rollo zen, he sido capaz de dormir una siesta y soñar. Ha sido un sueño de esos guay. Seguro que se me entiende. 

Entre el taladro de unos y otros, me ha dado por pensar en lo que nos hace felices y lo que nos pone de mala leche. Así como algo sencillo, estoy segura de que nos da buen rollo rodearnos de gente que nos quiere y echarnos unas risas. Seguro que a la mayoría os toca la pera el tráfico, buscar aparcamiento, que os mientan, que os pongan los cuernos y que os congelen el sueldo. Pero, os habéis preguntado alguna vez, ¿cuántas cosas os gustan y no hacéis? y ¿cuántas hacéis solo por quedar bien? Es cierto que, con la edad, lo de bienqueda los vas perdiendo y más si nunca lo fuiste en exceso. Y la campaña de “mierdas las justas”, que llevabas a cabo con la ropa y demás, empiezas a aplicarla a las personas y sus comportamientos. Y es curioso que, hacer eso, nos resulte más sencillo que enviar un whatsapp sincero a alguien que nos gusta. 

Mi sueño tiene la culpa de todo. Os relataría el argumento, pero mi blog dejaría de ser apto para todos los públicos y se convertiría en algo más interesante. Y no me viene bien en estos momentos. Solo diré que ha sido tan real y satisfactorio que he querido compartirlo con su protagonista. He llegado a escribir un mensaje de whatsapp muy sugerente e ilustrativo, y lo he borrado. Lo he razonado, de tal manera, que no he dejado que un gesto natural y espontáneo se produjera. Miedo? Ridículo? Pudor? Corte? Desconocimiento del otro? Prejuicios? No lo sé. Pero hay por ahí un mensaje que nunca enviaré, que se ha perdido entre mis dedos y del que nunca obtendré respuesta. Y era algo bueno, de verdad, el sueño y mi mensaje. Pero tú nunca lo leerás, amore. Y lo más loco, tampoco tienes ni idea de que hoy te he escrito a ti. 

Mi sueño iba con esta melodía. Gracias. https://youtu.be/HJqlA_HTEU8

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La cobardía de los mediocres

¡Cuánto daño hacen los cobardes que disparan! En las parejas, en los trabajos, en las familias y entre amigos. Es fácil observar la inseguridad en otro ser humano, detectarla. No es tuya pero la sientes. No quieren que la veas pero tú la hueles a kilómetros. La ves evolucionar, crecer. Reconoces el miedo en la mirada de ese individuo y sabes que, más tarde o más temprano, esa inseguridad se convertirá en cobardía y, en el peor de los casos, acabará en maldad. Porque no hay nada peor que un inseguro cobarde malsano. 

Cuando el cobarde se siente amenazado, ya sea verdad o producto de su imaginación, siempre dispara primero y a discreción. No sabe si tú le atacas, pero tu sola presencia incrementa su inseguridad y eso nunca puede acabar bien. Y cuando alguien dispara a matar siempre pasa lo mismo: aparece el dolor. Es muy triste porque es un dolor gratuito y absurdo. Se forman heridas, que cierran con el paso de los días, pero la cicatriz permanece. Y cuando la miras te acuerdas. Lo curioso es que sientes que el mayor dolor te lo provocas tú, al dejar que la cobardía de los mediocres inunde tu alma.

Asistimos a diario a la mala praxis de estos individuos, que camuflan sus carencias y frustraciones en abusos de acción y palabra hacia otros seres humanos. Dirigen países, empresas, controlan imperios económicos, ganan elecciones, ocupan puestos de responsabilidad, tienen los códigos para lanzar bombas nucleares y hasta te lavan el cerebro para que des tu vida por ellos. Es increíble que estos tipos lleguen a acumular tanto poder. Cada uno en su hábitat. Afortunadamente para mí, he conocido a muy pocos en persona, pero sé que suelen ser básicos, primarios, maleducados, machistas, clasistas, racistas y puaj. No sé si son un poco malos, malos o muy malos, pero bondadosos seguro que no.

No dejo de pensar desde hace días que el mundo está, básicamente, dirigido por imbéciles. Por loco que parezca, a Trump le han votado sus compatriotas y de forma libre en las urnas. Así que las quejas a posteriori llegan tarde. Realmente lo del rubio teñido sólo se entiende si la sociedad está muy enferma. Hay que asumir, desde ya, que nos hemos convertido en esclavos de mediocres. De cobardes insanos que no saben ni quiénes son. De malos de cuento y de terroristas emocionales. Y por si esto nos parecía poco, ahora el mundo tiene un nuevo líder que menosprecia a las mujeres, que sólo cuenta con un negro en su equipo de gobierno y que quiere levantar un muro con México. Todo muy moderno.

Llevo 15 días sin fumar y he tenido la imperiosa necesidad de volver a jugar a la primitiva y evaporarme. Es lo que tiene dejar un vicio a palo seco y vivir en este mundo tan extraño.  

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Te deseo lo mejor, siempre 

El otro día leí algo que me llamó la atención. El artículo decía que hay cosas que no llegan a nuestra vida porque en realidad no las queremos, que envíamos señales contradictorias al universo y que no recibimos respuesta porque ni siquiera sabemos lo que estamos buscando. Hablamos con la boca pequeña, llenos de confusión y miedo. La coherencia no es un activo muy extendido y mentirnos nos sale mejor. Pensamos más en lo que creemos que debemos hacer que en lo que realmente queremos hacer. Me pareció algo sencillo e inteligente. Al final todo se reduce a saber qué quieres. Recomiendo empezar por saber qué no se quiere. Es más fácil. Por algún motivo, cuando te rindes ante eso, todo fluye, todo es más liviano. Aparece la calma que tanto ansiabas y que no encontrabas. Es un trabajo personal, unilateral y muy liberador. Porque si he aprendido algo es que no hay peor enemigo que uno mismo. 

Es por todo esto que llevo dos años muy buenos. Así lo siento yo. He escogido mi vida, yo la dirijo y yo soy la única responsable de ella. Decido qué cuento, a quién, cuándo y por qué. A quién veo y durante cuánto tiempo. Lo mismo que tú, imagino, la diferencia es que yo no te juzgo. Me gusta no necesitarte y querer verte. Y me gusta dejar de verte porque me taladras. Y no pasa nada, mañana será otro día. 

Ahora, por favor, leed con calma y sin acritud. Estáis en mi vida pero, a veces, sois un coñazo. Sois agotadores. Como yo, como todos. Sí, así es. Somos unos cansinos históricos con los demás en muchos momentos. Y lo curioso es que ni nos enteramos. Y el que diga lo contrario, miente. Me llamas exigente, claro. Siempre lo he sido. Pero es que quiero serlo, tengo derecho a serlo. Y tú, ¿no lo eres? Todos lo somos, lo que cambia son las exigencias y a quiénes se las hacemos. Hay cosas que algunos de vosotros reclamáis a la vida o a ciertas personas que ni entiendo ni comparto, pero son vuestras exigencias, no las mías. Y son tan respetables como las de cualquiera. Además, si tú necesitas eso para ser feliz, qué me importa a mí.

Espero que podáis entender todos que, a veces, necesito que corra el aire, porque me quedo sin energía, porque me aguanto yo, pero si somos multitud igual no puedo. Porque lo nuestro es un acto de libertad y generosidad. Porque nunca debe ser un esfuerzo. Yo estoy en tu vida porque no imagino la vida sin ti. Porque para mí sois una familia alternativa, y nunca del todo la mía. Y así debe ser, yo ya tengo una. Porque a mí me gustan los detalles como el tuyo de hoy: “Te llamo luego, que ayer salí y sólo quiero que la vida me lleve” Y sonrío al imaginarte resacoso. Porque cuando yo te quiero lo hago para siempre, porque veo tu bondad entre toda tu mierda, porque me gusta que me abraces al despedirte, como vosotras dos hoy. Porque podría hacer una fechoría por ti, porque lo que digo de ti lo digo en tu cara, porque te adoro, porque me haces reír, porque sufro si tú sufres. Porque jamás y repito, jamás, te haría daño conscientemente. Porque me alegro de tus triunfos y no te envidio. Porque me gustas tal y como eres y, cuando no me gustas, me aguanto. Seguro que a ti te pasa conmigo. Porque aunque me presupongáis siempre, absoluta sinceridad y naturalidad, las pierdo por vosotros. Porque sé que mi verdad no va a sumar y ni siquiera sé qué es la verdad, porque si te digo lo que pienso igual me escupes. Lo mismo que os pasa a vosotros. Si lo sé, tontitos. 

Sé que me amas y aún así podrías estrangularme, normal, nunca dije que fuese perfecta. Soy lo que ves. Pero no olvides algo: nunca engaño, no traiciono y no cambio de opinión sobre lo que tú eres. Porque si no te hubiera conocido mi vida sería otra y a mí me gusta mi vida. Porque todo es mejor si yo sé que tú andas cerca. Porque escojo soledad pero no me siento sola y eso es gracias a ti, a todos. Porque lo bueno de mi vida siempre irá conmigo. No lo he olvidado, tranquilos. Sólo está donde tiene que estar. Dentro de mí.

Ahora dejadme sumar uno más de los buenos y alegraos por mí. Que nos trate bien, queridos míos! Eso es lo que os deseo en el 2017. Y mucho amor…y sexo del bueno para la rubia que vuela. Para todos, qué collons! 

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Escoge una frase

Los que me conocen saben que una de mis frases fetiche es: “La vida da muchas vueltas” Lo certifico. Da tantas que llegas a marearte. ¡Pero mola, eh! Cuando no uso ésta voy con la de “Nada es para siempre, ni lo malo ni lo bueno” La corroboro cien por cien. Yo he estado, desde que tengo uso de razón, en ambos lados de la cama. Hay que saber estar arriba y abajo. Es cuestión de práctica, capacidad de adaptación e instinto de supervivencia. También tengo la frase especial para mis amigos solteros que quieren pareja: “En algún sitio hay alguien para ti pero, no os habéis encontrado todavía, no era el momento” Sé que eso es cierto. Ahora, también es verdad que hay mucho miope suelto.

Cuando era más joven creía en la de “A cada cerdo le llega su San Martín” La dejé de usar por falta de casos contrastados que avalaran dicha frase. Aunque he asistido, con los años, a alguna que otra matanza del porc o porqueta. No me alegra, ni siquiera pensé jamás en ello, pero reconozco haber sentido un cierto alivio. Es como un rollo justicia cósmica. Tiene un punto divertido observar, desde lejos, como cae el edificio entero. No has movido una pestaña para propiciar eso y hasta te compadeces durante un tiempo de la suerte de los porquets. Unos cinco minutos. Sesenta segundos después piensas en lo bonito que es oír,  y a km, ese zasca en toda la boca. Y entonces te viene a la memoria lo de “La vida acaba poniendo a cada uno en su sitio” Y sigues con lo de “Es el karma” Y entonces me aplico eso de “Perdono, pero no olvido” Y es que yo olvido poco, ¡qué le vamos a hacer! Lo bueno, jamás.

Mi hermana me recordó, hace una semana, algo que digo desde que era pequeña: “Todos hemos venido aquí con una misión y sólo tenemos que descubrir cuál es” Ella tenía una misión, que yo le adjudiqué hace infinidad de años, pero soy incapaz de acordarme. Es por la pérdida de neuronas. Desde que me dijo eso intento recordar la mía. Sigo en ello. Creo que no la he olvidado, solo la llevo a cabo, como mejor puedo. Y sin propiciar ninguna matanza. 

Escojo una frase: “Tú me haces mejor persona”. Siempre hay alguien capaz de provocar eso en nosotros, si lo permitimos. 85 y pinta todo el santo día. Ya, me gustan un poco mayores. 

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La sensibilidad de mis letras

Iba a escribir sobre los PAS, personas altamente sensibles, pero no me veo capaz. Tomé notas en mi moleskine una noche que salimos, de una conversación a tres y de lo más profunda, con alguna copa que otra, y dos semanas después no entiendo ni mi propia letra. 

Crean tantas siglas, hay tantos diagnósticos nuevos atribuidos a comportamientos humanos y tantos síndromes de todo tipo, que ya voy perdida con mi nivel de sensibilidad. Lo que tengo claro es que todos somos sensibles ante algo o alguien. Lo extraordinario es que no nos emociona lo mismo,  ni tampoco nos irrita lo mismo. 

Y eso me ha hecho pensar en aquellas personas a las que les importamos. Personas que quizás ni estén en tu vida pero que un día se emocionaron contigo o por ti. ¿Por qué alguien se sensibiliza con tu presencia? ¿Por qué alguien te mira y siente que te quiere? ¿Por qué echamos de menos a unas personas más que a otras? Si lo pienso bien diría que ni siquiera va ligado a lo vivido, ni al tiempo compartido. Es un extraño misterio. Por alguna razón que desconozco somos más sensibles ante unos humanos que a otros. Lo curioso también es que puede que estas sensibilidades no sean recíprocas, o sí. Puede, incluso, que te tengan cariño aquellos que no esperas. Y que pasen de ti, pero cuatro pueblos, aquellos a los que les presuponías un alto grado de sensibilidad hacia tu persona. Todo muy loco. Y todo muy revelador.

Nunca sabemos con certeza qué sensibilidad despertamos en los demás. Ni comunicamos tampoco las que otros despiertan en nosotros. Quizás deberíamos decirlo abiertamente. Con dos cojones y un palito. “Oye, perdona, quería que supieras que soy altamente sensible a tu persona. Me pones muy muy tontona” Y también deberíamos poder decir tranquilamente: “Me sacas de quicio, que corra un poco el aire” A todo el mundo no tiene por qué gustarle el otoño, creo yo. Quizás tu sensibilidad me abrume y la mía te resulte incomprensible, pero a mí eso no me impide ver tu bondad ni tus ganas de vivir. Sólo que nuestras sensibilidades no van de la mano. Así de fácil debería ser, pero nunca lo es.

El otro día un hombre joven me recordó muchísimo a mi padre con una simple frase. A veces voy por la calle y huelo algo que me transporta a los ocho años. Me emociona la luz del atardecer de la primavera. Y hay melodías que me devuelven miles de sentimientos. Se me pone la piel de gallina con una película y puedo excitarme con algo sugerente. Lloro por pena y también por alegría. Definitivamente soy sensible, el grado no lo sé. Y, sinceramente, no me importa. Sigo sonriendo y me sigo emocionando, eso es lo que cuenta. 

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Lo que no digo

Nuestros silencios. Lo que no te digo me gusta mucho más que lo que te acabo diciendo. Todo tan irreal como tú y yo. No nos pedimos permiso. Somos un par de ilegales. Te acompaño un rato, te escucho y me voy. Solo venía de visita.

No combinan mis relojes con tu altura. ¿Dónde está tu televisión? No voy a cambiar de acera porque no te guste el fútbol. Te gusta el mar. Mejor. Te voy a seguir la pista pero no prometo nada. A ver si me invita al tacto. ¿Qué me gusta? Lo que me gusta a mí. Ya sabes, a ver. Estoy pensando hacerte un hueco…algún día de estos.

Así vamos, artesano. Ando a mi manera y no podemos asfaltarnos el camino ahora, nos está quedando maravillosamente con todas las piedras. Y, obviamente, (¡cómo te gusta la palabra!) querrías sujetarme en las mañanas, ya…Y yo sigo con mi “a ver” Y tú con tu “eso”. Ven sin afeitar, cuando quieras, sin quizás y…ya sabes. No me quieres retener. Bien. Yo siempre bailo a mi manera. 

Cada vez que hablamos veo el mundo menos enfermo. Has puesto de moda la tranquilidad y la adolescencia. Somos un par de románticos. ¡Bonito, eh! Noches largas. Suspiros y sonrisas. Y nuestros largos silencios en el tiempo, tan bien entendidos. Tienes razón, solo por eso merece la pena. Mañana ya veremos. 

Mientras hablas conmigo, ella se va para siempre. Y ahí seguimos, tú y yo, con esa sana locura del ahora. Se fue mientras los dos nos interrogábamos en silencio. Sin acordarnos de que esa noche todo seguía girando. Todo. Siento mucho tu pérdida. Aquí llueve, en Triana no lo sé. 

El Kanka se inspiró en mí. 😉 A ver…https://youtu.be/l2CRku3vgKY

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Durante toda la noche 

Es curioso como sin pretenderlo aparece en tu noche una bella melodía. Sin querer das con ella. Recuerdas que te invitaron a oirla en el pasado pero, por algún motivo que ni recuerdas, nunca lo hiciste. Y ahí está: sensual, elegante, nocturna y solitaria. No la andabas buscando, pero ella te encuentra a ti. Quizás ya no es relevante, pero tú quieres escucharla. Antes nunca pudo ser y ahora te embarga la curiosidad de saber qué tal suena.

Pasan tantas cosas que no propiciamos. Es como si estuvieran esperando, en algún lugar de este universo, para tocarte la fibra cuando menos las esperas. Te dan la oportunidad de que conozcas algo que en su momento nunca supiste. Son pequeños detalles que forman parte de una historia. Detalles que se perdieron por el camino y que hoy te sacuden por primera vez. Puede que no sean importantes, pero son endiabladamente casuales.

No te oí entonces pero sí esta noche. Una y otra vez. Me fascinas. Eres realmente sugerente. ¿Por qué no te escuché la primera vez que supe de ti? Quizás debía dar contigo hoy y no entonces. Todo es posible. Apareces de la forma más absurda, para traerme un momento ya pasado. Uno muy peculiar y diferente. Está francamente bien tu letra y quizás siempre fue así. Era tan sencillo como eso.  

Estamos cenando allí y tú has pedido que suene para mí. Me vuelves a besar durante toda la noche. Solos tú y yo, sin decir nada. Sensual nuestra aventura. Pasión y amor. Amor soñado. Bonita mezcla. Nos deseamos de una manera irracional durante toda la noche. No hay prisa. Aquí no. Clavo mi mirada en ti y te siento. Sonríes. Seguimos soñando. 

Voy a desayunar. ¡Tengo un hambre irracional esta mañana! Dale al play.

https://youtu.be/D3zBYPzDd-Q

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Las moscas

Las cosas serían diferentes si te llamaras Manolo y condujeras un taxi.

He tenido un día de pm. Sí. A mí la vida me sonríe desde hace semanas y estoy que me salgo. No sé adónde me va a llevar todo, pero tengo un subidón que no lo para nadie. Y mucho menos un par de moscas gordas y negras. 

Siempre hay alguien que te pone al día del estado de las moscas. Que si están en tu lavabo, que si ahora rondan tu basura, que si ahora comen…mucha mosca para tan poca mierda, me parece a mí. Total, que hoy no esperaba que fueras tú, sinceramente. Un abogado, y de tu posición, viendo esas cosas de moscas. Pero a mí la vida siempre me sorprende. ¡Qué le vamos a hacer!

Lo que tú llamas “de maravilla” yo te digo verdad a medias. Porque normalmente siempre habla el que tendría que cerrar la boca. Y entiendo que hay que comer, pero no mentir ni fabular. ¡Qué loco es todo esto de tener que escribir a unas moscas! Ahora no sé si son un par o tres de moscas. Voy despistada con el número. Pero allá voy, lanzada y sin freno. 

Queridas moscas de mierda:  1.- Nunca he comido con vosotras, ni ganas. 2.- No se olviden, señoritas, que esto no es una carrera de velocidad. 3.- Os pediría un lavado de lengua para hablar de mi persona. Lo digo porque siempre estáis liadas con la kaka. 4.- Aviso de que conozco al del Cabo del Miedo. 5.-No olvidar nunca que sin él no sois nadie. 6.- Menos criticar la mano que os da de comer y más huevos para coger la puerta y marcharse. ¡Cagonas! 7.-Me troncho y me parto de la sabiduría popular de las moscas de los cataplines. 8.- La verdad es que sois unas moscas de mierda, pero divertidas y muy imaginativas. Eso está bien, lo que falta de inteligencia lo suplimos con inventiva. 

A ver, que ahora me sabe mal por las moscas. Entiendo que ser mosca y cojonera lleva mucha faena, pero hasta la mosca más mierdosa escoge bien su mierda. Cuidado con ir a mi wc porque yo no soy ninguna de vosotras. Soy buena, muy buena, pero tengo algo que no querréis ver. Y, creedme, nos os gustará verme en acción. Calladitas, que estáis todas más guapas. En serio, a moscas monas no os gana nadie. 

Coca-cola, con mucho hielo. Tú ya sabes, mi amol. No te veo pero te huelo. 
 

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Mírame a los ojos

Me gusta el vis a vis. Verte en la calle, en un bar, en una fiesta o en el gimnasio. Quiero mirarte a la cara desde ya, observar tus ojos, tu boca y cómo gesticulas. Me interesa cómo caminas y si me dedicas una sonrisa. Puedo saber si me gustas o no desde el minuto uno, aunque no tenga ni idea del motivo. Eres tú y no el de al lado, y no sé decirte el porqué. 

En directo. La vida siempre debería ser en vivo y en directo. Te veo, me rozas, te gusto, tú a mí…vamos a seducirnos. Pero en la vida real, no en todas estas aplicaciones agotadoras para el cerebro humano. Hay que salir más a la calle y darle menos a la tecla. Hay que coger el metro (hoy me he hecho 15 paradas de ida y 15 de vuelta, me estreno a lo grande después de mil años) ir a un museo, a una exposición, a una terraza o a la Casa de les Punxes. ¡Quiero ir! Hay que organizar fiestas. Sed buenos con vuestros amigos solteros y presentadles a personas interesantes, a poder ser los que no estén en una app enviando fotos guarras todo el santo día. Abogo, desde ya, por más movimiento fuera del sofá, de la cama y de tu piso. Vamos a bailar un rato, aunque volvamos pronto, pero vamos a movernos. Si vibramos es todo mucho más interesante. Y mírame cuando me veas por la calle, levanta la vista de tu puñetero móvil. ¡Cómo no vas a tener jodidas las cervicales! Te advierto que si sigues así, nunca vamos a conocernos…

Creo que he estado encerrada en una habitación durante los últimos cinco años y no me había enterado. ¿Desde cuándo está tan de moda enviar fotos subidas de tono? ¡Qué tráfico de culos, tetas y miembros hay por todas partes! La gente ya no envía música por los chats, envía penes tamaño familiar. Y luego están los que hacen llegar su cuerpo por partes, rollo Dexter. Ahora abdominales, ahora los dientes, luego viene el culo y zasca, la berenjena. ¡Madre mía! la población al completo enviando calabacines trucados y yo liada con Ludovico Einaudi. Aviso a las mujeres que no entiendan de encuadres que hay mucho plano favorecedor en todo lo que os envían. Si luego es un gusanito, no digáis que no os he avisado. ¡Basta ya de móviles! Tiraos a las calles y hablad como las personas. El móvil nos está idiotizando sexualmente y yo no veo la luz al final del túnel.  

Ahora, eso sí, todo esto de la tecnología tiene su parte divertida y edulcorante. En menos de una semana Ricardo Darín me ha puesto dos corazoncitos en dos tuits y Pérez Reverte me acaba de hacer un RT, aunque no tiene mucho mérito porque el artículo era suyo. No importa, voy a cargar el móvil que esto se pone interesante. 

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Conocerse 

¡Qué bueno es estar solo y en silencio con una media sonrisa! Sentirse bien con lo que hay, con lo que tienes. Se tarda mucho en entender que estar en calma sólo depende de uno mismo. Puedes necesitar años para comprender que no debes depositar tu felicidad en las manos de otro. Esto vale también para la profesión, la familia o los amigos. Absolutamente todas las respuestas que buscamos, a lo largo de nuestra tortuosa existencia, están más cerca de lo que creemos. Se tarda un huevo, y parte del otro, en llegar siquiera a pensar en todas estas cosas, pero para eso está la vida, para encontrarnos y conocernos. Si alguien pensó que transitar por aquí iba a ser fácil, se equivocaba o se engañaba mucho.

Estaba ahora elucubrando sobre esas personas que se embarcan en relaciones imposibles solo por estar acompañadas un año de su vida, o 7 u 8. ¿Qué son 365 días? Días, sólo eso. Que pasan, que sumas y que vives. Pasan a toda velocidad, lo certifico, pero si nunca te detienes y te permites recolocarte, los días son mucho menos días. Son solo 24 horas, nada más. Y deberían ser mucho más que eso. Es curioso como hay seres humanos que siempre tienen que tener a alguien cerca, acaban una relación y empiezan otra. No hay luto alguno. No se resitúan, ni resetean ni dejan ir. También están los que no acaban nada y siguen siempre con la misma mierda. Qué conste que sigo pensando que hay personas extraordinarias por ahí, yo he conocido algunas, pero todo tiene su momento, su tempo y su motivo.

Quizás los que empalman parejas, como el que come una lata de berberechos, lo único que tienen es miedo. Miedo a no encontrar a nadie en su casa los siete días de la semana, a salir por ahí sabiendo que tu única compañía vas a ser tú mismo, a enfermar y no tener a nadie cerca para que te traiga la cena. Puede que todo eso provoque pánico, puede. Quizás sea por eso que muchas personas acaben con lo primero que encuentran. Pero ¿y si no es miedo a la soledad? Igual tienen pavor de ellos mismos, de su particular existencia. Convivir con su propia persona, cada día, les acojona mucho más que aguantar a según quién. Todo puede ser. 

He leído la novela de un amigo en unas horas y me ha hecho pensar en cómo de alucinantes son nuestros mundos interiores. Si a todos nos diera por escribir, aprenderíamos mucho más de quiénes somos. Porque detrás de la imaginación siempre estamos nosotros. Puedes hacer pasar lo que quieras por fantasía, pero detrás de cada palabra hay un sentimiento, un deseo, un reproche, una frustracion, una declaración de intenciones y una gran verdad. La escritura debería formalizarse como terapia. 

Es por todo ello que detrás de todo lo que escribo estamos mi gran imaginación y yo. Brindo por un verano al que no le queda mucho y en el que, afortunadamente, me he conocido un poco más. ¡¡¡Hasta la próxima!!!

 

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