Di te quiero, es gratis

Hay cosas que todavía me sorprenden y me enseñan qué diferentes somos.

Varios de mis amigos me han confesado, en las últimas semanas, que sus padres nunca o casi nunca les habían dicho “Te quiero”. Y, por lo de causa efecto, ellos tampoco a sus progenitores. Jamás me había planteado que eso pudiera pasar, pero por lo que se ve pasa y mucho. Es obvio que esos padres quieren a sus hijos pero, por uno o varios motivos, esas dos palabras no salen a través de sus labios.

He estado pensando en el valor de esas dos palabras. Como en el de tantas otras. Es bien cierto que las palabras no representan nada si no van acompañadas de buenas acciones. Seguro que todos tenéis a alguien que os comió la oreja con miles de te quieros y un buen día os demostró que su querer tenía el tamaño de una hormiga reducida y que tú le importabas lo que viene a ser una mierda. Ya, es jodido pero pasa. Pero qué le vamos a hacer. Nadie dijo que esto iba a ser fácil.

Quizás un “te quiero” no sea tan importante, quizás deberíamos ser más selectivos con él. Puede que haya que decirlo sin esperar una respuesta automática. Y escoger a quién, cómo y cuándo lo decimos. Puede ser que eso sea lo mejor. Pero ahora mismo paso olímpicamente de lo que se considera mejor o peor. Seguiré diciendo “te quiero” a quien quiera, cuando me dé la gana y al ritmo que me apetezca. Lo diré las veces que quiera. Y quizás lo diga a quien no toque y puede que me lo digan sin entender todo lo que conllevan esas dos palabras. Pero qué collons importa. Vamos a regalar besos y te quieros, ahora, cuando todavía estamos a tiempo. Vamos a darle menos al tarro y vamos a actuar más.

Dile que la quieres, dile que lo quieres…es de las pocas cosas que siguen siendo gratis y altamente placenteras. Te va a gustar, lo sé.

Mi vida ha sido mejor gracias a los dulces y sinceros “Te quiero” de mi madre. Adoro cuando me lo dice y la amo más si cabe. Soy como soy gracias a todos y cada uno de sus te quieros. Qué bueno que haya sido una intensa con ellos. Sí, bella, hasta la ETERNIDAD.

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Orange y Vodafone, que os den

Las compañías de teléfono me están jodiendo la vida. Sí. Odio a Orange y a Vodafone. Y no sé a cuál de las dos odio más. La primera me ha estado cobrando un servicio de aplicaciones a terceros que nunca contraté, durante un año, y la segunda me está volviendo loca. Pero loca loca.

He hecho tantas llamadas inútiles, me han mareado tanto, ha venido tantas veces un técnico a mi casa, que he llegado a pensar que todo esto no es real. Yo sólo quiero una línea de teléfono fijo e internet, pero parece que es un sueño irrealizable.

“Ha tenido usted mala suerte” “En unos días está arreglado” “Uy no nos consta que haya pedido una línea de fijo” “No puedo ayudarle desde aquí tendrá que llamar al 1444” “Tendrá que llamar al 22123” “Llame al 1444” “Ha llamado al 22123?” Iros todos a la mierda!!! Cómo algo que debería ser sencillo puede resultar tan agotador? La telefonía me va a matar. Es más creo que me han vencido.

Yo no pido que descubran la vacuna contra el cáncer, ni que me den alas para volar, solo quiero una puta línea de teléfono que me permita ver Netflix. No descarto que quieran acabar psicológicamente con todos nosotros a través de las compañías telefónicas. La desesperación me embarga y por primera vez en mi vida me reconozco impotente. Me ha vencido un puñetera empresa de telefonía, bueno dos. Dos contra una, mierda pa cada una.

Y qué decir de esas máquinas odiosas con las que tienes que hablar por huevos, quieras o no. Acabas gritándole a una señora automática porque no hay ningún ser humano al otro lado. Que quierooooo hablarrrrrr con un operadorrrrrrrr! “Perdone, no le hemos entendido” A la mierda tú y el operador, y tu mierda de oferta que no quiero. Porque yo solo quiero hablar con un ser vivo.

Pienso, seriamente, que esto forma parte de algún plan para acabar con mi salud mental. Me he dado al ron, pero a palo seco, por culpa de Vodafone. Yo, joder, que nunca en la vida he bebido un ron sin cola. Y estoy a nada de encadenarme en una de sus tiendas y hacer una huelga de hambre.

Oh my god!!!!

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La rueda y los ratones

A mí, a veces, me cae mal la gente. No toda, pero la mayoría. Siento eso unos días al año, diría que pocos. No son muchos a proporción de la cantidad de mierda que nos rodea a todos.

Vivir en este planeta tan podrido y vulgar es agotador. Trabajamos (los afortunados que podemos), pagamos impuestos (siempre los mismos), compramos, consumimos, tuiteamos, colgamos fotos, vamos al fisio, tenemos sexo, le damos al mindfulness, nos manifestamos, votamos, lloramos, reímos, comemos japo…y, a cambio, el sistema nos miente, encarcela, roba, viola, humilla, manipula y, de nuevo, todo vuelve a empezar. No se trata solo de un país, aunque a algunos les guste creer que sí, es el jodido sistema al completo. Son esos individuos que lo controlan todo. Esos que siguen de fiesta mientras la mayoría se muere de hambre, sed y pena. Esos que nos han colocado en una noria que da vueltas sin parar. Por si alguien todavía no lo sabe, nosotros somos los putos ratones.

El otro día salí a la calle de amarillo y lo primero que pensé es “joder, igual me quitan el jersey”. Lo siguiente fue “te vas a pasar el día dando explicaciones sobre la ropa” Y así fue. Hasta los preciosos colores se han convertido en un problema. Coño, que hablamos de un color. Y la jodida noria que no deja de dar vueltas, sin importarle el color de nada.

Un jueves cualquiera una sentencia judicial humilla a una mujer que fue violada por cinco energúmenos. Pero es el sistema quien la ha violado, de nuevo. Y, mientras, la otra andará poniéndose cremas antiedad. Y los creadores de la noria seguirán de fiesta, como si nada, bebiendo, riendo, comiendo y follando.

Y la puñetera rueda que no deja de dar vueltas, una y otra vez.

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7 cosas buenas para ti

Me preguntas que si he escrito hoy. Y la respuesta es que cada vez escribo menos. Y ahora quieres saber por qué. Eso ya no lo tengo tan claro. Podría poner miles de excusas pero paso. Creo que por la misma razón que tú, porque no me da la gana… o quizás sea porque no encuentro la inspiración. “Sé volver a ti”. Cuando me hablas en esa mezcla de idioma raro que te has inventado me cuesta seguirte. Lo sé, crees que tú puedes inspirarme…

Tengo un amigo que siempre va por la vida con una “big bag”. No sé todo lo que lleva dentro pero algo he visto. Tiene cosas chulas ahí guardadas, siempre lleva libros y nunca de fácil lectura. En su gigantesca bolsa también esconde algún que otro detallito de “Sugar man”, todo bien metidito en un kit de comida china. Me hace reír. Seguro que tiene millones de cosas ahí dentro, pero yo no las conozco. Es como una bolsa con secretos. Igual que él.

Hace meses que le veo aparecer siempre cargado con su “big bag” de piel marrón. Es como si formara parte de él. No sé si lo sabe pero está rota. A veces, él también me lo parece. Es un gran defensor de la melancolía, no ve nada negativo en ella. Odia la tecnología y está convencido de que no es de este siglo. Llevo días preguntándome de qué siglo soy. A veces quiero huir de éste, lo confieso, pero no sé si son los siglos o por la civilización al completo.

Uno de tus libros me ha hecho recordar algo. Me gustaría que todo el que leyera esto, y llegara hasta el final, pensara en 7 cosas que le ayudaron cuando era niño o adolescente. Hay que ser sincero y espontáneo. Según la teoría de tu “big book” (igual ni lo sabes) es sano respetar lo que nos hizo bien cuando éramos pequeños. Así que vamos a reconciliarnos todos con ese niño que jamás deberíamos perder.

Ahí van las mías: Papá, Tibidabo, bicicleta, mar, risas con mis hermanas, “La conjura de los necios”, amigos.

Gracias por inspirarme, todo tú. Te he visto mover el pie con ésta, así que sé que te gusta, aunque no me lo hayas dicho nunca. https://youtu.be/IxMHjTMkLHw

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Agua en todas mis formas

Quiero que tú, que podrías ser cualquiera, me hagas una foto mirando al mar. Me gusta el agua. Sabes que somos un 70 % de agua? Los hay que son menos. El agua resulta un elemento fascinante, en todas sus formas. El agua es como el amor. Puedo sentirla…y tú?

El agua puede calentarte, relajarte y dejarte flotar en ella. Puede ser fría, cortante y poco acogedora. No podríamos vivir sin beber agua pasados tres o cuatro días. Sabes que la sangre contiene más de un 80 % de agua. Alucinante.

Me gusta el agua del mar, de un río, de un lago, la que sale de la ducha, la que bebo cuando tengo sed. Dicen que cuando tienes sed en realidad hace 30 minutos que deberías haber bebido. Tengo una palo de lluvia que traje de Costa Rica. A veces lo coloco junto a mi oído y lo muevo. Un sonido que imita el agua. Como ese amor que ya no lo es porque se ha convertido en una mala imitación de lo que fue.

Cuántos pensamientos rondan por tu mente y la mía. Y eso con la inestimable ayuda de ese 75 % de agua que contiene nuestro cerebro. El 25 % restante tiene que estar acojonado con tanta agua a su alrededor.

Puedes ser agua si quieres. Embravecida. Serena. En movimiento. Limpia y transparente. Azul. Puedes ser lo que quieras. Puedes ser tú. Y yo puedo ser agua todo el tiempo. Mizu. Sigo sin tatuarlo. Cobarde que es una.

Debería beber más agua. Cada día me repito lo mismo. Creo que llevo años sin cumplir con los mínimos. La culpa de todo la tiene la cerveza, mezclada con mi propia entretenida compañía. Aunque, igual que con el amor, un exceso de ella tampoco es bueno.

Está lloviendo, por fin. Sí, ya ha llegado la tormenta.

Gracias a ese ser lleno de agua que, hace ya un tiempo, me regaló esta belleza musical. Cómo pasan los años y ahora sin fumar uno después de…! https://youtu.be/pZ31pyTZdh0

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Soy sexista y yo sin enterarme

Ahora resulta que soy sexista. No lo sabía, pero se ve que lo soy. Me llevo bien con las mujeres que me rodean y no me gustan ciertos comportamientos de algunos de los hombres que me rondan. Y, al parecer, eso me convierte en una mujer que odia a los hombres. Les despisto porque no soy lesbiana, pero como no me he casado y no me callo cuando me tosen, soy una odiadora oficial de los machos del planeta. Y lo que más les molesta es que no les tengo miedo. A ninguno. Y es que a mí me han educado para no temer a nadie.

Vamos por partes. A mí me gustan las personas que me gustan. Y me da igual su género. Es más me gustan algunos hombres que no gustan a nadie. Pero sobre todo me gusta la gente trabajadora, los que no se apuntan las medallas de otros, los que asumen sus errores, los que van de frente. Y detesto a los pelotas, a los mentirosos, a los que se creen que son más que yo porque les cuelga algo entre las piernas, y a los que me miran perdonándome la vida. Y si detesto algo es la mala educación y a los trepas. Y eso va para ellas y ellos.

Mirad queridos. Yo adoro a los hombres. A los que quiero, a los que deseo, a los que me caen bien. A los inteligentes. A los que me valoran y creen que soy igual que ellos o, incluso, mejor. A los que no me temen y no me atacan cuando se sienten amenazados. Me gustan los hombres hombres, no los mediocres. Ahí radica todo.

Y yo no odio a nadie. Básicamente porque me parece una pérdida de tiempo. Y si hay algo que odio por encima de todo es perder el tiempo con imbéciles. Seguimos para bingo!

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Casi como Phi

No todo lo que escribo es real, pero todo es cierto básicamente porque nace de mí: de mi imaginación, de mi corazón, de mi rabia, de mi pasión, de lo que me provocan otros, de lo que veo o leo y me gusta, y de lo que no me gusta. A veces, ni la gente que me conoce sabe bien de qué hablo. Otros creen saber, cuando en realidad no saben un carajo. Algunos imaginan cosas muy edulcorantes a partir de lo que yo escribo, y algunas personas me dicen que les he hecho reír o llorar. Depende del relato. La verdad es que ni siquiera yo misma tengo claro lo que escribo porque me desborda tanta letra que implora por salir. Y sale con tanta fuerza que no llego a tiempo de echar el lazo. Pero qué debo dejar salir y qué no. Mis letras me pertenecen, así que sólo yo decido.

Todo es cierto. En ese momento, ese día, cada letra que utilizo, cada suspiro, cada coma, cada sensación. Toda esa pasión, amor, dolor, subidón, colocón. Todo es mío, incluso lo que no es mío. Hasta la música es mía y no de sus dueños. Porque viste mis palabras, porque me evoca recuerdos. Yo soy de verdad, mi mente, mis dedos y puedo crearte. Y eso es excitante. Cada cosa que escribo le llega a alguien y, aunque sólo fueras uno, serías multitud. Y vuelvo a escribir para ti sin saber quién eres. Y mañana para ella, a la que nunca vi.

Te escribo porque mientras lo hago puedo ser otra. Aunque creas que siempre soy yo. Si ya lo decía Cortázar que lo que más cansa es ser uno mismo. Por eso escribo, para convertirme en un ser mágico, casi como el número Phi…el irracional.

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Tiempo para sentir

Nos pasamos la vida implorando a todos los dioses habidos y por haber para que nos concedan todo eso que tanto deseamos y creemos necesitar. Y cuando sentimos que, más o menos, tenemos nuestra historia particular cubierta siempre queremos un poco más. A partir de ahora que cada uno siga solo…

Yo sólo le pido a la vida tiempo. Tiempo para reír, para sorprenderme, para descubrirme poco a poco. Para despertarla cada mañana, un día más. Necesito unas horas para volver a verte, para que te enredes conmigo, para que pases tu brazo por debajo y me apoye en ti. 

Pido tiempo para viajar por el mundo, sola o en compañía. Me urge ir a Berlín y quiero hacer el Camino de Santiago. Que me den tiempo para cantar a pleno pulmón en el coche, básicamente porque me creo que lo hago bien. Sí, reclamo tiempo para suspirarte y perdonarte, tiempo para reencontrarte o encontrarte…quiero y ansío más tiempo, porque estoy empezando a notar que esta vida se me queda pequeña. 

Necesito tiempo para decirte adiós. Para volver a enamorarme. Para que me olvides y yo a ti. Tiempo para besarte bajo la lluvia y que me enjabones todo el cuerpo. Quiero más tiempo para aprender a escalar y a navegar, para soñar despierta, para escribir mi libro, para echarte de menos, para arrepentirme, para llorarte una vida entera, para mirarte a los ojos y sentir que mi alma y la tuya caminan juntas desde hace siglos.

Tiempo para encontrarte cuando menos te espero. Para entenderte un poco más y sentir tu dolor. Y quizás necesito tiempo para volver a bañarme desnuda en una playa desértica. Y lo que es peor, para cumplir la promesa de meterme en el mar el 1 de enero de 2018. Porque desnuda, a pleno día y en Barcelona, ya te digo yo que va a ser que no. ¡Joder, qué frío! Tiempo para ir a dos bodas, ninguna es la mía, relax. Para bailar, bailar y bailar. Oh señor!, quiero tiempo para descubrir música y seguir emocionándome con ella. Calla, y para reírme a carcajadas contigo en el cine. Y le demando a purusha tiempo para seguir practicando yoga, un poco más que ahora, eso sí.

Al 2018 solo le pido eso, tiempo para sentir. No creo yo que esté pidiendo tanto…o igual sí. 
 

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¡Malditos prejuicios matemáticos!

He leído un artículo en el que un físico de Cambridge asegura que “el 80% de lo que se aprende en matemáticas no sirve para nada”. Lo ha publicado El País como algo exótico y transgresor. ¡Manda huevos! Yo repito lo mismo desde los 8 años y ni caso. Sólo porque no soy la típica cerebrito superlista, tipo Sheldon o la novia, nadie ha tenido nunca en cuenta mi teoría sobre las matemáticas. ¡Malditos prejuicios! 

Mi teoría, que desarrollé en mi tierna infancia, venía a decir que las matemáticas eran una mierda y de las gordas. Ningún ser humano normal utiliza esas operaciones para comprar el pan, salir de cena o buscar un trabajo. Yo, de mayor, me veía hablando de Leonardo da Vinci, o diciendo alguna palabra en latín (eso siempre viene bien en las conversaciones de nivel pedantería máxima), me visualizaba hablando de Monet, Manet y de la familia Buendía. Pero a las que no veía por ninguna parte eran a las vomitivas matemáticas. Tal y como yo crecía en años, crecía mi odio hacia ellas. Así que pensé en lo bello que sería exterminar a todas esas operaciones imposibles, que yo jamás entendí. Miento, quería salvar a sumas, restas y multiplicaciones. A éstas últimas sólo porque podía lucirme con la memoria. El resto a tomar por c… 

¿Por qué nadie me escuchó? Han pasado tropecientos años y yo no sé hacer una raíz cuadrada. Y ahora que lo pienso: ¿qué collons era una derivada? Lo más grave, de todo este matemático asunto, es que siguen torturando a los niños con una asignatura mal planteada, que suele ser más jodida que un dolor de huevos, sobre todo para los que somos de letras, y que no tiene sentido en plena era digital, dónde cualquier calculadora le da 100.000 vueltas al más apto de los profesores de matemáticas de la ESO. 

Pero como yo no soy superlista, no tengo pinta de freak y no tengo ni pajolera idea de qué es una integral no van a tirar palante con el exterminio. ¡Mierda de prejuicios! Pero, oye, que igual con el tío de Cambridge tenemos más suerte y consigue que las matemáticas sean de interés general, y no sólo para los superdotados. He leído que ha empezado por Estonia y yo a este buen hombre le veo un puntito Napoleón. ¡Suerte chavalote!

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Te deseo “real”

Y yo a ti. Te siento dentro de mí. Noto tus manos en mi cuerpo y tus besos en mi boca. Y tu mirada llega hasta mi alma, desde que me levanto hasta que me acuesto. Te echo de menos. Muy loco ¿verdad?. Porque no sé si lo sabes pero estás loco. Como yo.

Yo lo empecé. Sí. Por mi culpa, por mi culpa…por mi gran culpa. Y lo volvería a hacer una y otra vez. Soy culpable de hacerte sentir un montón de cosas bonitas… y cómo me gusta eso. Tú me haces sentir libre. Tremendamente libre. Me sentiste desaparecer. Ya. Pero yo no quiero ir a ningún sitio sin ti. De nuevo el primero. Siento toda tu intensidad cada vez que me hablas. Y no sabes cómo me pone eso. ¡Qué guapo estás cuando me miras, sonríes y me invitas a entrar! Y el resto…ya tú sabes, mi amol. 😂

Ni en una vida entera podría explicar todo lo que me provocas. A veces siento que voy a estallar con tanta emoción danzando dentro. Y no entiendo nada de nada. Pero no lo necesito. Ni siquiera pregunto. Yo, sin hacer preguntas. Coño, que soy periodista y he dejado de preguntar. Sólo tú me provocas todo eso. De nuevo el primero. He llegado a la conclusión de que mi parte racional se va de cañas cada vez que se cruza contigo. Y diría que os lo pasáis de vicio juntos porque no veo que vuelva. Hacía muchos años, demasiados, que no reía tanto y tan bien con alguien de tu sexo. Has venido a ocupar el primer puesto del descojone masculino. Y aunque solo fuera por eso, te pienso adorar, cual dios griego, el resto de mi vida.

Y ahora, que sigo pensando en ti, recuerdo la primera vez que te vi. Te di la mano, con ese codo bien estirado y me quitaste uno a uno todos los botones de la camisa. Allí, delante de todos. Y creí morir. Querías que lo supieran. Pero en esto, cariño, estamos solos tú y yo. Porque a mí me gusta pensar que somos los únicos reales de toda esta historia.

Sigo deseando que te hagas realidad, algún día. Te espero…toda la vida.

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